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domingo, 28 de junio de 2009

Cambios

La vida es un continuo cambio. Todo va evolucionando a medida que las agujas del reloj prosiguen con su tic-tac. Lo curioso es que esa evolución parece ser circular: las cosas van a parar al mismo sitio donde comenzaron.

En la moda, las tendencias vuelven; en la naturaleza, el ciclo de la vida posibilita nueva vida a través de la muerte. Y da la impresión de que algo así me ha sucedido a mí, y a otros muchos.

Durante este embarazo, estos nueve meses tan nuevos, he acabado por encontrarme con lo mismo. Porque en cualquier lugar, a pesar de que pueda parecer tan diferente, hay lo mismo: personas. Personas con las que te diviertes, con las que sufres, con las que sonríes, con las que sollozas, con las que aguantas, con las que descubres. Personas que te conocen, que te traicionan, que te afectan, que te menosprecian, que te ayudan, que te ignoran, que te felicitan. Que te quieren.

Para esas últimas va dedicada esta escueta y simple entrada. Para todos aquellos que han posibilitado que todo adquiera un tono especial. Para ellos, los que se han molestado en conocerme y hablar, en pasar horas conmigo haciendo de nada y de todo, los que no se han ido cuando la tormenta acechaba sobre nuestras cabezas y los que han disfrutado de los ratos de sol porque así lo merecían.


¡Qué narices! Esto también va dirigido a los que han hecho que crezca. Sí, vosotros: los que me habéis criticado, los que habéis susurrado a mis espaldas, los que no habéis sido fieles, los que me habéis abandonado, los que me habéis puesto las cosas un poco difíciles, los que habéis intentado impedir que sea yo, los que os habéis empeñado en alejarme de los míos. Vosotros os merecéis el mayor aplauso, pues posibilitáis que me refuerce todavía más.

A los recién llegados, gracias por asentaros a mi lado.

Y a los que ya estábais antes... gracias por quedaros.

El primer paso hacia mi sueño ya está dado. En el próximo curso, más.

Escuchando... a Michael Jackson.



Desde su más tierna infancia...





hasta su madurez, hizo feliz a millones de personas con su música.

Descanse en paz, King of Pop.

miércoles, 13 de mayo de 2009

De desconocidas y otras cosas

Esta mañana me ha ocurrido algo que me ha impresionado bastante. Yo estaba tan tranquilamente sentada, organizando apuntes y preparando el material para la clase de Literatura cuando, de repente, ha sucedido.

En realidad no ha sido nada fantástico ni sobrenatural. Pero sí que se ha tratado de algo chocante.

¿Es ella Marta García?

Ensimismada, en esos instantes me he dado cuenta de que alguien se estaba refiriendo a mí. He levantado la cabeza y he comprobado que esa voz un tanto familiar respondía a la de una compañera a la que apenas conozco (somos más de 100 alumnos en 1º de Comunicación) y con la que recordaba haberme cruzado la tarde anterior por la facultad. Esa tarde me había preguntado exactamente lo mismo, pero dirigiéndose a mí, claro está. También había añadido que si tenía unos apuntes de no sé qué asignatura que le había dejado una Fulanita (no daré el nombre) Yo había respondido negativamente y ella se había ido. Punto.

El caso es que dicha Fulanita estaba sentada a mi vera esta mañana. Fulanita, la verdad, ni me va ni me viene. Parece una chica simpática, pero he de admitir que apenas la conozco. Un día (hace no mucho) se sentó conmigo y con mis amigos en un determinado momento y ahí se quedó. La clase es de todos, y da buena conversación.

A lo que iba. Fulanita ha mirado a la compañera desconocida con gesto pícaro y le ha respondido con aire alegre que no, que yo no era Marta García, sino Coloma (en realidad soy González, pero es lo de menos, la gente se queda con mi segundo apellido) A todo esto, yo parecía ajena a la conversación (aunque mejor así), aunque girase en torno a mí.

¿Y quién es Marta García entonces?

Risita nerviosa de Fulanita. La otra muchacha, que no parecía tan tonta como para comprobar que se la habían jugado, arruga el ceño y la mira con furia.

-¿Así que no hay ninguna Marta García? ¿Entonces no dejaste a nadie los apuntes? ¿Me has mentido?
-Bueno..., sí. Je, je.
-Oye tía, que si no quieres dejármelos no hace falta que me metas trolas. ¿Tú te crees que soy tonta, o qué?
-Mmmm, vale.
-No, vale, no. El vale lo diré yo.
-No, yo. Vale.
-¿Pero tú quién te crees para acabar la conversación, eh? (se dirige a una amiga que está en la fila de atrás y baja el tono) Qué humitos, a ésta le voy a pegar una h*****...
A Fulanita no parece importarle ni lo más mínimo lo que la alumna desconocida masculla. En realidad, parece seguir mofándose de ella. La otra se va con gesto enojado y le dice algo de lo que no me acuerdo bien, pero que con seguridad no era agradable que digamos.

Cuando ya se ha ido, miro a Fulanita un poco consternada y le pregunto:

-¿Por qué le has hecho eso? Si no querías dejárselos, se lo dices y ya está, ¿no?
-Es que me cae muy mal.
-¿Y qué?
Me viene a la cabeza el refrán típico de mi abuela que tanto me encanta: "El mejor desprecio es no hacer aprecio".

No sé, vino a mi habitación (parece que "conviven" en la misma residencia y tal) y me los pidió. Yo no quería dejárselos y me apetecía divertirme.
Me ha dejado ojiplática.
Pues luego no te quejes si te viene a decir las cosas de esa mala leche...
Se queda callada y sigue a lo suyo, aún encima esbozando su característico mohín de suficiencia.

Luego pretenderemos que la gente nos trate bien si nos "divertimos" a costa de ellos... Hay que tener narices.

¿Será que el respeto escasea?

En fin. Lo que da de sí una hora de Rosseau (soñolienta, por cierto)

Escuchando... Se dejaba llevar, de Antonio Vega.



Se nos ha ido un genio de la canción...

viernes, 8 de mayo de 2009

Las dos caras de la moneda

Hoy he visto la sonrisa más triste del mundo.

Se perfilaba tímida, en unos labios dudosos. Parecía resistirse a salir, pero no lo lograba, pues las circunstancias la requerían. No obstante, al esbozarse, nerviosa, se adivinaba en ella un halo de desesperanza, una cierta desgana que la convertía en algo carente de la simpatía de una sonrisa corriente. La alegría se tornaba en melancolía. Una nostalgia con una fachada risueña..., pero nostalgia, al fin y al cabo.

A veces, no todo es negro ni blanco. En muchas ocasiones, predomina un cierto tono gris en los acontecimientos con los que te vas cruzando, poco a poco. Y, en cierto modo, esto es bueno. Porque todo lo malo tiene su parte positiva, ¿no nos lo dicen nuestras madres y abuelas para consolarnos? Será que es verdad...

Esa triste sonrisa me ha hecho recordar varias cosas. Me ha llevado, de sopetón, a entender la más grande de las pequeñeces. Me ha hecho caer en la cuenta, en definitiva, de lo afortunada que soy.

Qué curioso. Toda la semana quejándome del estrés rutinario, de las discusiones banales y de tener que memorizar decenas de nombres de generales, fechas y sucesos históricos para que, librada la batalla del examen y deseando un poco de descanso, de golpe y porrazo me cruce con esa sonrisa. Una sonrisa que ha hecho que no importase ni el estrés, ni las discusiones, ni el estudio. Una sonrisa que ha cambiado, por un momento, todo, y me ha impulsado a ver lo que verdaderamente importa.

Estoy completamente segura de que a cualquier persona le ha sucedido, alguna vez, algo semejante. Y es que la desgracia de otros, esa desgracia que nos infunde tanta pena y conmoción, especialmente si esos otros son gente cercana, nos provoca, de alguna manera, alegría. Alegría por saber que nuestra fortuna es inmensa.

Es reconfortante saber que esto es una buena señal. Señal de que las cosas no van tan mal como uno piensa cuando está inmerso en las prisas, en la rutina, en lo habitual. Que no os apene sentir una alegría conmocionada frente a una sonrisa triste.

Tal como prometí, en este día de dobles caras, he aquí algunas pequeñas cosas que me encantan...

Me gusta...

... escuchar cómo la lluvia repiquetea fuera, arropada en la cama.
... planear algo para que luego salga al revés, y mejor de lo que esperaba.
... llegar cansada un sábado noche y arrojar los zapatos en el ascensor.
... reírme absurdamente hasta que me duela el estómago.
... morderme las uñas (lo sé, es un vicio)

Pero sobre todo me encanta que atravieses mi mirada, en el momento más inesperado, con esos preciosos ojos color chocolate.

Reflexionando...

No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo.
Oscar Wilde

lunes, 4 de mayo de 2009

¿Universitario, yo?

-¿Que todavía no has ido a Marengo?
-Pues... no.

-¿Y qué clase de universitaria eres tú?
Así pintan las cosas por aquí. Y es que parece ser que la vida como estudiante superior no es vida sin salir de fiesta todas las semanas, al menos una vez cada siete días. Pero yo no estoy de acuerdo con eso. Sí, me temo que hoy me toca volver a reflexionar, aunque lo que vaya a dejar por aquí dé lugar a polémicas y no agrade a la mayoría, ni mucho menos...

Esto ya viene de lejos. La enseñanza secundaria nos enseña a todos grandes lecciones de la vida: el chico aplicado es el tonto, el aburrido, el serio. El empollón. El que no hace nada y está todo el día en su peña con los amigos, es la panacea de la diversión. Pero esto ya es sabido por cualquier joven y adulto que haya pasado por el instituto. Y, en cierto modo, es admisible e incluso perdonable: es lo que tiene ser niño o adolescente.

Comienza la universidad. De acuerdo; ya es hora de ir sentando cabeza académicamente, ¿no? Tus padres se sacrifican por ti, invierten sus ahorros en tu eduación. Correspóndeles con un mínimo de esfuerzo. Tus profesores van a clase para algo más que ver tu bellísimo rostro. Correspóndeles con un mínimo de atención, o al menos de silencio, o al menos de ausencia, si es que no te sientes con energías como para aguantar la lección diaria. Tus compañeros acuden para tomar apuntes o al menos para prestar atención (sí, hay alumnos interesados en la asignatura, existen, ¿eh?) Correspóndeles con un mínimo de respeto.

Pero no, la correspondencia escasea. Y es que eso no es lo entretenido, lo guay. La frase estrella del mayor de edad: "Tengo 18 años, puedo hacer lo que quiera". Por supuestísimo que puedes. Pero, ¿sabes qué? Que los 18 años no sólo implican tener libertad para faltar a clase, hacer lo que quieras cuando quieras y salir de fiesta miércoles, jueves, viernes y sábado para después volver borracho perdido, tambaleándote, hasta la puerta de tu casa. Los 18 años también significan responsabilidad. Oh, gran vocablo que asusta a muchos. Responsabilidad es tener en cuenta las repercusiones de tus decisiones. Responsabilidad es ser consecuente con tus actos. Responsabilidad es tener 18 años. Ni más, ni menos.

Lo triste es que mucha gente no se da cuenta de esto..., y luego pasa lo que pasa. "¡Mamá, mamá, el profesor me odia! ¡Me ha puesto un 4 y tenía un 4.9!" Es en ese momento cuando acudimos a mamá. Quizá es que no sabemos asumir las consecuencias. Quizá es que hemos pasado todos los días de la semana de juerga y no hemos pisado el aula. Quizá es que era más agradable tomar el sol durante toda la mañana que atender a un viejuno. Pues ya está. Responsabilidad. ¿Quién tiene ahora los 18?

Y resulta que lo que a mí me molesta no es que piensen que soy una aburrida y que carezco de modos de diversión por pensar esto y hacerlo. Tampoco me quita el sueño que la gente sea vaga, incompetente, poco trabajadora o pasota. Lo que a mí me repatea es no sea consecuente.

Perdonad que sea tan drástica, pero es algo muy cierto que más personas de las que creemos conocen... Y a mí ya me molesta un poquito que me vengan tan a menudo con frases como las de la cabecera.

Ahí queda la cosa; las opiniones sobre el asunto serán muy diversas y aceptables.

Aligerando... entre tanta alegría culé, esta mañana he encontrado un poco de desdicha madridista. El apósito en la mejilla de mi profesor de Historia de España, acérrimo merengue, hacía patente su rabia ante tan aplastante derrota. Él ha insistido en la idea de que se ha caído. Nosotros no le hemos creído. Aunque él ya lo daba por supuesto... Pacifismo, señores, pacifismo.

Escuchando... Polly, de Nirvana.


viernes, 24 de abril de 2009

Historias a tutiplén

Muchas, muchas. Entre los libros que estoy devorando por placer y por obligación, las películas que he de tragarme (o no, pero quiero), además de las propias narraciones que me van encargando, no doy abasto. No doy abasto de historias, claro está. Y resulta totalmente apasionante.

Dicen que los estudiantes de comunicación tenemos que leer un libro y ver dos películas a la semana, al menos. La verdad es que es algo bastante enriquecedor; además, la mayor parte de las veces lo pasas bien (¿quién no lo pasa bien leyendo si realmente le gusta, a no ser que la novela sea un total muermazo?)

Esta semana post-vacacional, un tanto triste por las despedidas y también un tanto agobiante por la vuelta al irremediable trabajo, me han embrujado en todos estos ámbitos. En el papel, he viajado a la Barcelona de la posguerra y al mundo oriental de la mano de El embrujo de Shangai, que va a pasar, con seguridad, a formar parte de la lista de mis libros favoritos. La gran pantalla me ha deleitado con La rosa púrpura de El Cairo, y he descubierto a un Woody Allen más que sorprendente. Además, se me ha exigido como práctica la redacción de una historia, la historia de otra persona, una que, a mi juicio, merezca la pena ser contada..., lo que me ha llevado a profundas conversaciones con las monjas de mi residencia. Sí, habéis leído bien; y la verdad es que me ha costado lo mío encontrar un puñado de vivencias que plasmar en un borrador.

Saltando de tema... tras leer, hace días, una cortísima entrada en Prácticamente imperfecta en todo (un blog recién descubierto), me he puesto a darle vueltas a lo mismo que la autora. Llegaría, entre otras conclusiones, a estas:

Odio...

... el olor de la hierba recién cortada en un día soleado.
... mi dificultad para separar las solapas de una bolsa de plástico en el supermercado.
... que la gente se chupe los dedos para pasar las páginas de un periódico.
... el viento que te azota de frente justo al salir de la peluquería.


Aunque no diría que las odio, sino, más bien, que les tengo manía :) Otro día las que me gustan, si es que se me ocurren, pues hay tantas pertenecientes a ambos extremos...


Leyendo... El embrujo de Shangai, de Juan Marsé.

Cuando entré en la galería, Susana estaba estirada boca arriba en la cama, destapada, con los pies desnudos y juntos, los ojos cerrados y las manos cruzadas sobre el pecho. Me acerqué de puntillas a la cama y dije hola, pero no me contestó, permaneció completamente inmóvil haciéndose la muerta, de modo que pude observar impunemente y durante un buen rato la turbadora gravidez del camisón adherido a sus ingles, y también me fijé en su cuello blanco y largo, donde la nuez se movió furtivamente bajo la piel. Con los párpados cerrados, sus ojeras parecían más profundas y violáceas y su morbidez más acusada. La boca entreabierta dejaba ver una mancha roja en los dientes superiores, Enhiesta sobre el pecho, pinzada entre los dedos de la mano, una hoja de bloc con un mensaje para mí escrito con el pintalabios de su madre:

PRÍNCIPE BOBO
DAME UN BESO
Y DESPERTARÉ

Lo leí un par de veces, volví a mirar la boca entreabierta de la bella durmiente y los dientes con su leve marca sanguinolenta, la boca que ofrecía la savia de los sueños mezclada con la secreción de la tisis, y cuando por fin me decidí había perdido unos segundos decisivos, porque Susana abrió súbitamente los ojos y me dedicó aquella sonrisa esquinada que yo conocía tan bien. Deslizó la mano debajo de la almohada y sacó un pañuelo salpicado de manchas rojas que agitó frenéticamente ante mis ojos. Capté al instante el olor a agua de colonia del pañuelo y otro efluvio afrutado y graso cuyo origen debería haber adivinado, pero solamente supe ver con sobresalto los macabros esputos de sangre y eché instintivamente la cabeza para atrás. Intuí la broma enseguida, pero de nuevo ya era demasiado tarde y ella se reía agitando su pañuelo embaucador ante mis narices:

- No es más que carmín, idiota. Tontolaba. Panoli.

lunes, 20 de abril de 2009

Esto sí es una práctica

Lo prometido es deuda: he aquí la versión a entregar del "máximo momento de felicidad" Felicidad, o al menos un poco de alegría, es lo que a todos nos vendría bien con esta fatídica vuelta de las vacaciones... :)

Lo dicho: os dejo la práctica, una imagen en palabras de esos buenísimos recuerdos...

Los suaves rayos de sol de aquella tarde cuasi nublada comenzaron a penetrar entre sus pestañas. Ella abrió los ojos, confundida, y le costó unos segundos hacerse la composición de lugar. Las imágenes, entremezcladas, habían atenazado su mente una tras otra. Rostros de amigos y familiares, lugares conocidos, escenas hogareñas. Al escanear de nuevo el mundo con sus pupilas, todo era diferente. Se hallaba en un autobús algo destartalado, invadida por una extraña sensación de calor y nerviosismo y rodeada por una veintena de desconocidos que no lo eran tanto. Recordaba sus miradas, sus voces, tras más de diez horas de interminable viaje.

Los supuestos desconocidos se agolpaban en torno a los ventanales del autobús, que ya se había detenido. Al otro lado del cristal, un heterogéneo grupo los observaba con atención: eran padres, madres, niños, abuelos. Una bomba de color y movimiento que escrutaba a cada adolescente que descendía los peldaños de la salida, así como a la joven que, lista en mano, iba dictando nombres y más nombres. Fue entonces cuando asimiló lo que estaba sucediendo. Ahora veía todo claro, inusitadamente diáfano.

La cadena de reacciones lógicas que se había producido en su mente desembocó en unos datos, datos que había memorizado con empeño; y en unas imágenes, imágenes que no podía olvidar, pues le iban a acompañar durante un mes. Evocó sus rostros de las fotografías a fin de reconocerlos entre la muchedumbre. Sintiéndose desamparada por un instante, buscó con desespero una melena pelirroja, un aparato dental, una cabecita castaña. Y acabó por encontrarlos.

Megan, Taylor y Mike. Eran tres; faltaba Darren. Pero le habría hecho igualmente feliz saber que tan sólo había uno aguardando su llegada. Ya no estaba sola. Ellos la esperaban, y no de cualquier manera. Portaban un inmenso cartel, nada discreto, que resaltaba entre el resto y le daba la bienvenida, en gruesas letras rojas sobre un fondo verde fosforito. Y eso no era lo que más acogida le hacía sentir, sino sus sonrisas, unas preciosas sonrisas que se dibujaban en los labios de ellas, casi de la misma altura. El pequeño observaba todo con atención, como aguardando la venida de un ser de otro planeta.

Cuando su nombre y apellidos reverberaron en el techo del autobús, ella, con el corazón a cien, tomó su abultada maleta como movida por un resorte. ¿Cómo debía saludarles? ¿Estaba bien que les besara o sería más adecuado darles la mano? En el breve lapso de tiempo en el que se había formulado tantas preguntas, había caminado hasta situarse frente a ellos.

Para su sorpresa, lo que más recibió fueron efusivos abrazos. Apenas se percató de cómo se alejaron de la multitud, de cómo subieron al coche, ni de cómo la conversación fluyó de una manera tan cercana, a pesar de ser mantenida en una lengua distinta a la materna. Acomodada en el mullido asiento del truck, vio pasar ante sus ojos un hermoso pueblecito, de inmaculadas casas blancas y minimalistas jardines. Contempló grandes extensiones de césped. Saboreó la calma del ambiente. Y, al desembarcar en el número 32830 de la avenida Arbutus, no cabía en sí de gozo.

La mañana siguiente, tras disfrutar de uno de los sueños más reparadores de su vida, la vio despertar en una enorme cama, encima de la cual había una bolsita con obsequios. Caminó descalza por la esponjosa moqueta de la casa, dejó que un peludo gato ronroneara al rozar sus piernas y Megan la recibió con una ancha sonrisa, un beso y un grato deseo de buenos días.

Esa inquieta chica, de nombre Marta, aún sigue esperando revivir aquellos momentos tan felices. No sólo fue uno, sino todo un cúmulo que ha quedado grabado con fuego en su memoria.

Todavía sueña que, al despertar, se encuentre de nuevo en Mission, Canadá. El pueblecito donde habitan las personas que le dieron tanto, a cambio de tan poco.


Escuchando... Lights Out, de Green Day.




Mi grupo favorito ha vuelto. Y no defrauda en absoluto.

¡Regreso al estilo
Dookie! Oh, yes :D

domingo, 5 de abril de 2009

Esto no es una práctica

Más bien es lo que se podría llamar simulacro de práctica. Porque la oficial ya está en borrador y sólo le faltan unos cuantos retoques. Pero ésta tan sólo es una improvisación. ¿Por qué la escribo, entonces? No es por llevar la contraria a mis compañeros de clase bloggers (^^), ni por el simple hecho de que me encante el masoquismo. Simple y llanamente, porque la ocasión es merecedora de ello. Porque relatar tu "momento de máxima felicidad" es algo difícil, pero hermoso.

Quizás la versión para entregar asome su cabecita por aquí un día de estos, pero, por el momento, he aquí la extraoficial. Porque semejante tema no merece una sola práctica.

Recomendación previa: léase con la siguiente preciosidad de banda sonora.




Mi reloj de muñeca es pequeño y funcional, bastante cómodo, y con un aire deportivo. No es que lo deportivo me pegue bastante, la verdad. Lo mío, con seguridad, no es el deporte. El caso es que mi reloj me gusta. Deportivo o no, qué más dará. Casi nunca me lo planteo, pero aquella soleada jornada sí que lo hice.

Ciertamente, aquella era una tarde espléndida. El astro rey se pavoneaba ante la Tierra, luciendo con toda su fuerza y bañando de calor cada centímetro del pavimento, la verdísima vegetación y los cañones de la Ciudadela. La piedra relucía con fulgor. Algo bastante extraño para tratarse de un 13 de octubre en Pamplona.

No obstante, lo que copaba mi atención no era eso, sino las manecillas de mi reloj. Plateadas, con tintes grises, avanzaban inexorablemente hacia la hora cumbre y yo, impotente, no era capaz de detenerlas. Cinco minutos para las cinco. Cuatro minutos para las cinco. Tres minutos para las cinco. Dos. Uno. Las cinco. Pero no sucedía nada. Miré en derredor, tratando de sacar algo en claro de todo aquello. El minutero seguía avanzando, y lo hizo hasta alcanzar las cinco y cinco. Aquello no me podía estar pasando; de ningún modo.

Apenas dispuse de más minutos para plantearme una lista de alternativas. Los rayos solares, que me cegaban cuando alzaba mi vista hacia el horizonte, de repente no rozaron mi piel, pues algo se interpuso entre ellos y yo. Debió de decirme algo, supongo que alguna que otra palabra cortés. Pero yo estaba ensimismada, porque la agonía impaciente hubiese pasado y por tenerle ahí, justo a mi lado en aquel minúsculo banquito de piedra.

Vestía un polo de rayas azules, que peleaban, como queriendo abrazarse, pero no llegaban a tocarse. También llevaba unos vaqueros y zapatos negros. El "abrigo de librero", denominación con la que lo había bautizado cuando me topé con él por vez primera, descansaba en su antebrazo. Y lo más importante: portaba una inmensa sonrisa digna de ser enmarcada.

Es natural que, estando yo histérica, comenzara a charlotear atropelladamente. Sin embargo, él no parecía darse cuenta, sino que me prestaba una increíble atención. No sé cómo, ni tampoco sé por qué, pero la oleada de nervios se disipó al instante. Nos levantamos de allí casi a la vez y, empezamos a caminar. Físicamente, rumbo a ninguna parte; interiormente, dirigidos al conocimiento mutuo.

Si hay algo que hicimos durante esas cortas cuatro horas, fue hablar. Hablamos sin tregua ni descanso, sobre todo y todos, yendo de cosas banales a asuntos profundos. Hablamos tantísimo que soy incapaz de recordar todos los palos que tocamos. Paseamos y dimos con una cafetería donde, con el café como excusa, continuamos nuestra apasionada conversación. Le miraba a los ojos y él me devolvía el gesto con intensidad, mientras yo rompía en pedacitos una servilleta de papel, mi costumbre más arraigada cuando me acomodo ante una mesa de bar. Para que me detuviese me tomó de las manos con firmeza. Aunque ya había abandonado mi curiosa actividad, continuaron enlazadas. Las palabras corrían como en un torrente de agua, sin esfuerzo, sin presiones. Parecía que nos conociésemos de toda la vida y, por un instante, se me antojó la idea de haber visto su rostro antes, en otra parte.

Contra mi voluntad, la tarde cayó y el cielo, sobre nuestras cabezas, se tornó de un bermellón oscuro. No hubo más remedio que rehacer la senda de vuelta, a través del centro de la ciudad, hacia la fortificación que nos había visto encontrarnos. Por el camino aprovechamos el tiempo para entonar canciones de Moulin Rouge sin que nos importara que cualquier transeúnte nos observara con gesto extrañado.

Quisimos alargar la despedida. La noche ya había inundado todo, pero yo me senté en un banco de la Ciudadela, con los brazos alrededor de las piernas, con la esperanza de que el tiempo se congelase. Escruté la luna llena, nívea y otoñal, y él, sin pronunciar palabra, me abrazó por la espalda. Anhelaba profundamente que el minutero dejase de funcionar.

Pero no fue así; más bien el tiempo pareció correr más deprisa cuando nos separamos. Nos pusimos de pie y pareció que todo recobraba su curso habitual. Las obligaciones diarias nos llamaban a gritos: era el momento de marcharse. Apenas nos separaban unos centímetros y él, con una ternura infinita, posó sus labios en mi frente.

Después se dio la vuelta y esbozó su peculiar sonrisa. Las manecillas de mi reloj marcaban casi las nueve en punto cuando le vi alejarse, esta vez con su "abrigo de librero" puesto.

martes, 31 de marzo de 2009

¿Qué tendrá el 13?

Una curiosa revelación es lo que he experimentado hoy: no hay una sola habitación número 13 en toda la ciudad de Pamplona. Sí, lo que "oís": ni en los Colegios Mayores, ni en los hoteles, ni en los despachos, ni en las oficinas. Nada. Algo extraño a la par que sorprendente, que, lejos de las vanas supersticiones, me hace pensar acerca de por qué ocultas razones se le tiene semejante manía al pobre 13.

Desde luego, empezar así viene al caso, porque los últimos días no han sido para menos en lo que a cosas estrambóticas se refiere. Estrambótica, aunque agradable, ha sido la noticia de que mi más apegada compañera, Iraia, se muda el año que viene a mi residencia. También ha sido estrambótico ver cómo va pululando, de repente y como quien no quiere la cosa, gente nueva por mi residencia, desde una chica llegada de Granada hasta una alemana que, con sus encantadores dieciséis, ha dado un toque exótico a la fauna de estudiantes. Ha sido estrambótico, asimismo, conocer la grata noticia de que mi mejor amiga, Arantza, va a conocer por fin al Señor del Alféizar el lunes que viene; un acontecimiento sin precedentes al que no osaré faltar. Y ha sido estrambótico el examen de Historia de España al que me he tenido que enfrentar hoy: tantas horas delante de un grueso libro para que el profesor se interese por los detalles más ínfimos. Pero bueno, ¿acaso alguien se suele acordar de Calomarde o de los krausianos con regularidad al resumir 67 años de pronunciamientos, extravagantes cambios políticos, crisis económicas y cambios sociales sin precedentes?

Cambiando de tema: quizás suba mi última práctica de CIE (sí, esas redacciones que mis amiguetes se empeñan en mostrar en la red para que les plagien... . :P) Quedé bastante satisfecha con ella, tras dos arduas horas en una cafetería observando el entorno. Algunos de los clientes me miraban con gesto extrañado; es comprensible, pues les estuve escrutando con avidez para ser detallista, todo hay que decirlo.

Más me vale ponerme a leer, para cumplir con los trabajos de Literatura, una gran y célebre, aunque un tanto soporífera, obra: Fedro, de Platón. Oh, Dios.

Me sirve de consuelo saber que ya estamos rozando la Semana Santa, plagada de planes por una vez...

Escuchando... Cut the courtains, de Billy Talent.



Genial la voz de Ben...

jueves, 26 de marzo de 2009

Receta para un puente sabroso

Los últimos días de la pasada semana pude poner en práctica mis aptitudes culinarias con una más que suculenta auto-propuesta. Lo cierto es que los buenos ratos se cocinan a fuego lento. Detallaré cómo lo hice, por si alguien se quiere lanzar a la aventura entre fogones.

Primeramente, me apoderé de un brick de tranquilidad y lo vacié en todo su contenido para cocerlo a fuego lento. Una buena base para un resultado excelente nunca ha de faltar.

Con la tranquilidad ya en la sopera, recurrí a una buena ración de buen humor: siempre es preciso tenerlo a mano, aunque sea un poco, para que cualquier preparado esté debidamente salteado y no se quede soso.

Parecía que las cosas estaban saliendo bien con esa fórmula, así que me atreví a añadir ingredientes más picantes. Empecé utilizando un paquete de esfuerzo, aliñado con cucharaditas de constancia: un toque agridulce nunca está de más.

Pronto llegó el momento de subir la temperatura y usar el ingrediente estrella: sendos botes de amistad en estado puro. Natural al 100 %, mi comidilla empezó a desprender un agradable olor. Visto lo visto, todo estaba saliendo a pedir de boca. Espolvoreando la mezcla con planes fiesteros de sábado noche, el interior de la cacerola adquirió un alegre color digno de ser recordado.

No podía faltar, como guinda final, una cucharadita de dulzura. Esa cucharadita que me aconsejó añadir él, un gran cocinero, y que sin duda no fue nada desencaminada...

Voilà. No me fiaba demasiado de mis habilidades culinarias, pero la cosa no salió nada mal. De hecho, logré cocinar un puente realmente sabroso.


La siguiente receta, para lo que queda de semana, precisará, aproximadamente, de los siguientes ingredientes base: dos cucharadas soperas de alegría (que nunca viene mal), una caja bien llena de más esfuerzo, una pizca de ánimo, para ahuyentar los sabores agrios... y, por supuesto, un poquito de aliño dulce.

Escuchando...Lies, de Billy Talent.




Preferiblemente, que no falte música en cantidades industriales en todas las recetas.

jueves, 19 de marzo de 2009

Pseudo-puente, pentaversario y demases


Ahí estaba yo. Sentada en un banco de madera de la Avenida Roncesvalles. Más bien acomodada a mi modo, colocándome de diferentes maneras para observar con detenimiento lo que me rodeaba: avistar esas vallas de la Plaza de Toros, tratar de recordar cómo se llamaban esos adornos renacentistas colocados sobre las rectangulares ventanas del edificio de enfrente u oteando en la lejanía el archiconocido monumento del encierro. Y es que no se me ocurrió otra cosa que echarme a la calle, cual periodista en acción, a tomar nota de lo que veía. En un principio iba a ser una rigurosa recolección de datos, pero las cosas no salieron así. Lo que iba a ser un mero ejercicio de observación rápida, estaba destinado a convertirse en un efusivo paseo. Y es que los detalles más ínfimos emocionan. Una se percata de todo lo que hay alrededor, todas esas pequeñas nimiedades que habitualmente no capta; desde luego, estoy segura de que esto es lo mío. No cabe ninguna duda: ¡cómo se puede disfrutar por el simple hecho de mirar, nada más que mirar y fotografiar, y escribir acerca de lo que está a nuestro alrededor! Lo que puede estimular una simple práctica universitaria...

Eso es lo que hice el 17 de marzo, cuando despuntaban los primeros rayos de sol de esa tarde cuasi primaveral. Y es que ese día fue el día del pentaversario, por el que sólo me queda deshacerme en agradecimientos hacia una de las personas que más dulcifica este mes de marzo, y espero siga haciéndolo los siguientes. Y ese día continuaba haciendo buen tiempo. Resulta que no, mi predicción no resultó ser tan acertada como yo creía, porque Pamplona sigue bañada de luz y empapada de calor. Obviamente, las extensiones de césped de la universidad están a rebosar de estudiantes en manga corta que adoran la buena temperatura.

Una semana extraña donde las haya, pues el pseudo-puente no ha dejado de alegrar a nadie, aunque, claramente, mucho mejor que la anterior. Digo pseudo-puente porque, en realidad, la fiesta correspondía al día de hoy (día de San José, más conocido como Día del Padre) Mañana, nanay. Pero la mayoría de los universitarios nos hemos tomado la libertad de concedernos nuestro propio día de fiesta. Al fin y al cabo, para dos horas de clase que tengo mañana... (mecanismo de auto-consolación)

Vuelta a Tudela tras casi un mes en la capital del reino. Vuelta a casa. Vuelta a los padres. Vuelta a la hermana. Vuelta a las amigas... vuelta a Arantza. Nos espera un finde completo, o al menos interesante :) (con planes todavía no definidos, pero eso es una constante, nos gusta improvisar)

Volviendo a lo de antes, qué gracioso fue cuando estaba enfocando la esquina de la calle Paulino Caballero con mi cámara (digital) prehistórica y un simpático ejecutivo (nombre que le he asignado) me soltó, escrutándome con aire interesado: ¿Me decías algo a mí?

Desde luego, ¡cuánto se desea aparecer en los medios de comunicación! ¿Y de verdad tenía yo pinta de entrevistadora para que me dijera eso?

Escuchando... Los tejados, de Cómplices



Dentro de mi amor por el guitarreo... adoro el pop de los 80-90. Eso sí que era buen pop, no el de ahora (que, para mi gusto y en general, deja mucho que desear)

lunes, 16 de marzo de 2009

Con el pie izquierdo

Cuando se te echa encima un día no muy bueno... mejor evadirse con otras cosas antes que relatarlo insípidamente. Opto por dejar constancia de lo que mi amiga Iraia ha escrito sobre mí.


¿Quién me iba a decir que en mi primer día universitario iba a encontrar a una chica con unos gustos y una manera de ser tan parecida a la mía y que se convertiría en la persona que más me conocería en los próximos meses? Nadie. Pero, por suerte, esa persona apareció. Tudelana de nacimiento, vino a Pamplona para que se hiciera realidad un sueño común: convertirse en periodista.

Ella es Marta; Marta González Coloma. Una chica con la que comparto muchas cosas, pero no el físico precisamente. Parecemos Zipi y Zape en versión femenina. Tiene el pelo moreno, largo y ondulado aunque a veces hace uso de las planchas y aparece con el pelo liso. Sea como sea, luce su melena al aire o lo recoge de una manera de lo más chic pero siempre con un mechón que le llega a la comisura del labio. ¡Muy guapa de cualquier manera! Se aprecian unos ojos marrones oscuros que no se distinguen del todo en la lejanía y parecen negros. Debajo de estos preciosos ojos nos encontramos con unos graciosos mofletes, una nariz respingona y una boca pequeña con unos labios carnosos y unos dientes blancos como la nieve y alineados de una manera espléndida.

De todas maneras, la distinguirás por su forma de vestir. Acostumbra a llevar un foulard o pañuelo anudado al cuello para resguardarse del frío, como complemento imprescindible en su atuendo. Viste de manera informal; vaqueros y camisetas aunque lo combina con prendas más elegantes como son las camisas o chalecos.

Pero si la ropa no es una buena pista para diferenciarla entre los trescientos alumnos del primer curso de la Facultad de Comunicación, pronto sabrás quién es por su carácter. Se caracteriza por ser una chica muy abierta que habla de cualquier tema sin importarle el receptor. Por ello, ha conseguido muchos amigos en poco tiempo. Amigos que no pierde con facilidad puesto que valora mucho la amistad y nunca rechaza una cena o un café con sus compañeros. Siempre está con ellos y da muestras de cariño por doquier. Ellos muestran la misma actitud cuando ella tiene un momento de bajón. Esto tiene lugar porque es una persona que se preocupa mucho por cualquier nimiedad y le da muchas vueltas hasta que se soluciona.


En sus estudios es muy cuidadosa. Estudia siempre por adelantado para no agobiarse en los días previos a los exámenes y es muy perfeccionista porque no se conforma con ningún resultado y siempre intenta mejorarlos. ¡Realmente imposible, es una chica de sobresalientes! Pero, claro, esto no sería posible sin una buena organización. Todas sus pertenencias están ordenadas de una manera brillante y sabe dónde está cada cosa. Además, es muy responsable y trata de pasar todos los apuntes a limpio porque le gusta que todo esté sin ningún tachón.


Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Marta es una chica muy expresiva y cuando intenta explicar algún problema o suceso negativo que ha tenido con otra persona, se mete tanto en la situación que todos sus sentimientos salen a flote. Le cuesta controlar su enfado, y esto puede llevarle a disgustarse con otro amigo que no estaba implicado. Por otro lado, su tono de voz es muy alto y en ocasiones sin darse cuenta puede molestar a los demás porque atrae la atención de todos y no deja que se centren en sus conversaciones.


Su tiempo libre lo dedica a diferentes actividades. Le gusta combinar las más cotidianas con otras un poco rocambolescas. Le encanta adentrarse en historias encerradas en libros tan dispares como el último best seller o un libro histórico. Sin embargo, en la música es más propensa a escuchar canciones que tengan un sonido de guitarra eléctrica aunque no hace ascos a ningún estilo musical. Amante del cine, disfruta viendo cualquier película dependiendo del estado de ánimo en que se encuentre. Hay momentos en que prefiere ver una película de risa y otros en los que tiene ganas de aprender algo nuevo gracias a los films históricos. Eso sí, si eres de los que necesita un silencio absoluto en la sala y que echa miradas asesinas a aquellos que hablan durante la proyección de la película, Marta no es la acompañante ideal. A menudo hace alusión a alguna escena o diálogo que le ha parecido interesante sin darse cuenta de que lo hace en un tono alto y que puede inquietar a algún cinéfilo que se encuentre en la sala. Aunque a los amigos nos encanta esta característica suya, tan diferente a la nuestra.

En cuanto a los gustos culinarios, come de todo exceptuando la berza. Una berza que sí la come en los rollitos de primavera que pueden ser degustados en los restaurantes chinos. Debido a su afán por quitarse unos kilos, ha intentado dejar de lado manjares como el chocolate aunque sin demasiado éxito. ¿Alguien se puede resistir a estos placeres que nos da la vida? Cada cultura tiene su gastronomía y nada mejor que viajar para conocerla. Ésta también es una afición de Marta. A pesar de que últimamente viaja menos de lo que le gustaría, ha visitado otros países y ha conocido otras culturas. Países como Francia, Inglaterra o Canadá.

Estos son hobbies que todos compartimos en mayor o menor medida. Sin embargo, hay otras aficiones de Marta que no son tan comunes. Si eres una persona muy nerviosa, no es recomendable ir con ella a tomar un café. Disfruta rompiendo servilletas o terrones de azúcar como forma de entretenimiento. En el mismo lugar, en la cafetería, también encontramos otra de sus aficiones no tan populares. Empleando la observación que le caracteriza en todos los ámbitos, durante su estancia en el recinto, se fija en los comensales de las otras mesas y empieza a desentrañar los parentescos y a descubrir e imaginar las profesiones que desempeñarán dichos clientes. Una actividad curiosa donde las haya, pero que para mí no es tan extraña porque la comparto.

Esta es Marta, con sus virtudes y defectos, y también con sus aficiones. En algunos conceptos coincidimos, en otros no, pero juntas formamos un buen tándem.


¿Qué, estáis de acuerdo?

Escuchando... Sleeping with ghosts, de Placebo.



Totalmente estremecedora.

sábado, 14 de marzo de 2009

Se asomaron unos tímidos rayos de sol...


... y se hizo la luz en Pamplona. El buen tiempo ha llegado, señores. Es cierto que te sube el ánimo, pero también es cierto que a mí, particularmente, me atonta bastante. Estoy más espesa que de costumbre hasta que me hago a la nueva temperatura; por alguna inaudita razón el invierno ayuda a mantener mi cerebro frío y mis pensamientos más en su sitio. De todos modos, no me fío nada de que esta oleada de calor primaveral vaya a durar mucho. Esto es la capital navarra, y hasta en San Fermines por la noche hace un frío que pela.

El resultado de este calorcito ha sido, además de que nos hemos tumbado bien a gusto en la hierba de la explanada de la facultad (atestada de gente, muchos "estudiaban", aunque pongo en duda dicha acción a juzgar por sus caras de felicidad...) que me ha dado por meter la pata a diestro y siniestro. Ya no sólo soy tan torpe como para pegarme tortas sin ton ni son (eso es algo implícito en mi naturaleza), sino que más bien no me he dado cuenta de que he sido poco cauta y poco fina a la hora de medir mis palabras. El resultado ha sido que he hecho daño a gente que quiero, y que eso me ha hecho sentir mal, terriblemente mal... Lo único que espero es que las cosas se encaucen enseguida, yo estoy dispuesta y esas personas, en especial una, parecen también estar dispuestas a que todo vuelva a su curso habitual.

Por lo menos nos hemos quitado un peso de encima: el examen de Antropología, aunque para muchos creo que va a ser un peso más... Estaba hecho a mala leche, pero seamos optimistas, por lo menos algunos estudiamos por adelantado (tiene que servir de algo, ¿no? :S)

A todo esto, ¿por qué a mis amigos bloggers de fCom les ha dado por publicar sus prácticas? Es bastante curioso. Yo lo haré cuando me parezca que merecen mucho la pena :)

El post de hoy se queda aquí, porque las ganas son limitadas, sólo las de dejar constancia de estas extrañas temperaturas... y también de esta extraña semana. Más vale que la siguiente sea mejor. ¡Por lo menos tenemos un pseudo-puente!

Ah, no he de olvidarme del acontecimiento por antonomasia de esta semana. Mi amigo Álex dispone de una tremenda imaginación y uno de mis compañeros de clase, Santi, de mucha... digamos valentía. Y es que dijo esto acerca de un poema que estábamos comentando en clase de Literatura, dirigiéndose al profesor directamente y teniendo como audiencia a casi un centenar de alumnos:


La prueba (1981)

Del otro lado de la puerta un hombre
deja caer su corrupción. En vano
elevará esta noche una plegaria
a su curioso dios, tres, dos, uno,
y se dirá que es inmortal. Ahora
oye la profecía de su muerte
y sabe que es un animal sentado.
Eres, hermano, ese hombre.
Agradezcamos los vermes y el olvido.

Jorge Luis Borges

Comentario en público de Santi:


Sin pretender que esto suene obsceno, me da la impresión de que el autor se está refiriendo a algo tan corriente como un hombre cagando.


Jolgorio general, carcajadas, y mucha, mucha sorpresa ante tal revelación. Y luego resulta que era cierto: el profesor le dio la razón. El poema es una burla de Borges, que alude a la muerte pero desde la perspectiva de un hombre defecando. Con perdón, ¡MANDA HUEVOS!

Qué cosas tiene la literatura.

Escuchando... The Piano Knows Something I Don´t, de Panic! At The Disco



Un nuevo disco con una mezcla de estilos muy pero que muy sorprendente.

domingo, 8 de marzo de 2009

Entre el deber y el querer


Más o menos esa es la definición de esta última semana.

Deber porque... apenas quedan cinco días para nuestro primer examen del segundo cuatrimestre, y también nos encontramos bajo la amenaza de jornadas de estudio histórico hasta el día 31... Todo ello aderezado con las nuevas prácticas de CIE, a las que hay que añadir un tedioso taller de ortografía que empieza este mismísimo miércoles (y digo lo de tedioso porque sé que lo será...) Menos mal que siempre hay gente dispuesta a estudiar, o al menos a intentarlo. Siempre nos quedará en la mente la explicación de Losing My Religion, algo es algo :P

Querer porque... esta semana ha estado tan repleta de planes, la mayor parte improvisados, que no nos hemos podido quejar de diversión, especialmente los estudiantes de la Facultad de Comunicación, pues tuvimos un entretenido Día del Patrón el miércoles pasado. Otra cosa fue la fiesta de la noche anterior, a la que no asistí ya que me decanté por fiestear el jueves con algunas chicas de mi resi. Lo que está claro es que esa fiestita dio de sí, y si no, que se lo pregunten a nuestra amada rubia Iraia :D

La noche pamplonesa no tardó en llamarme ayer, aunque me llamó de una forma rara y peculiar. Volví a los dominios de la fiesta de la capital navarra, pero más bien por unos instantes, pues el Señor del Alféizar no tardó en secuestrarme entre murallas... :)

Pocas ganas, extraño humor y necesidad de dormir. Eso es lo que me hace falta, y eso es también lo que espero tener para el próximo post. De momento, aquí queda la cosa. Pronto, algo más trabajado.

A trabajar un poquitín, que enseguida llegará el "puente virtual" del 19 de marzo y, si nos ponemos, Semana Santa (por ahora, carencia de planes, pero abundancia de proyectos, señores...)

Qué guapo estás con traje. Pero qué guapísimo.

Viendo... Escena de Moulin Rouge.



¡Quiero aprender a bailar tango!

lunes, 23 de febrero de 2009

Carnavales y otras andanzas

Quizás alguno de vosotros haya podido comprobar que anoche edité un post vacío; así es el cruel funcionamiento de Internet y así es, también, la estupidez de la que hago gala de vez en cuando, sin ocurrírseme copiar la entrada en el portapapeles o guardarla como borrador. La cosa es que no voy a dejar de relatar lo que ya relaté en mi trabajado y fugado post de ayer, así que empezaré (de nuevo) por el principio.

Tras dejar atrás la fatídica temporada de exámenes (deseando que la siguiente tarde en volver lo máximo posible) y disfrutar de unos días de descanso, la semana pasada empezamos nuevo cuatrimestre. Nuevas asignaturas, y por fin la grata noticia de que nos hemos librado de Economía para siempre (no tan deprisa, en tercero de Periodismo nos machacarán con Empresa Informativa... :( ) Entre los nuevos profesores, no hay demasiadas quejas por ahora: el de Historia de España es un crack, y aunque corren rumores de que es bastante malévolo a la hora de puntuar, lo que ha quedado de manifiesto es que su manera de enseñar y, sobre todo, de comentar los partidos de fútbol antes de las clases, es digna de ser mencionada. También merece una mención la profesora de CIE (Comunicación e Información Escrita, hablando en cristiano) que, aunque trató de hacerse la dura el primer día de clase, parece de lo más simpática. El profesor de Literatura (Fundamentos Culturales de la Comunicación I, ¿por qué puñetas lo llaman así con lo fácil que es decir LITERATURA?), divaga, cuenta cosas intersantes pero muy filosóficas y nos lía la cabeza, pero, con todo, es agradable. Mi única protesta, mal que me pese va dirigida al nuevo profesor de Teoría de la Comunicación que, digamos... es muy, pero que muy ABURRIDO. No tengo nada en contra de él, pero se nota que es un novato (no ha dado clase en su vida) Pobre.



Unos se van, otros vienen... Y la marcha que más nos apena es la de nuestra profesora favorita, indiscutiblemente: la de Historia de la Comunicación. Buscaremos desesperadamente alguna asignatura que imparta durante la carrera y trataremos de matricularnos en ella. Ha sido, sin ninguna duda, la mejor profesora del pasado cuatrimestre. Y lo digo muy en serio, ¿a que sí, Andoni? (estratagema para incluir el link de su blog)




Antes de acabar, he de hacer una especial mención a nuestro carnavalesco fin de semana. Divertido y fuera de lo común. Nos disfrazamos de Cruella de Vil y nos codeamos con pintorescos ginecólogos rumanos, jardineros, mexicanos que te cantaban una ranchera a cambio de algo (mi amiga Iris puede explicar eso :P), Freddys Kruguer y demás variopintos personajes que nos hicieron pasar un buen rato. Tras el análisis de los autendos, llegué a la conclusión de que los que más habían triunfado este año eran el de Duffman y el de iPod, seguido de cerca por los mimos, que volvieron a causar furor.

¿Qué podría hacerme más feliz que esto? Dos cosas: que mis compis de clase a los que más quiero hayan superado con creces los exámenes (aprobados y con buena nota, enhorabuena chicos, a por el siguiente cuatrimestre ;)) y que alguien se haya afeitado, dejándome más que contenta :D

Por cierto, Hilarísticos ya está tomando forma. ¡Pasaros!


Ahora, prueba de Antropología la vista y muchos, muchos libros para leer. Porque...

¿Si no os gusta leer y escribir, qué hacéis en Comunicación?
Dicho queda.

Escuchando... Spit in the face, de Anti-Flag.



Punk puro y duro.

viernes, 13 de febrero de 2009

Máxima brevedad

Eso es; la máxima brevedad posible para apuntar tres cositas:

La primera, que ya han acabado los exámenes y, con ellos, nuestros pasados días de sufrimiento agónico. Ahora las horas se disfrutan a tope... Hacedlo, que los cabrones no tardarán en volver.

La segunda, que enseguida volveré a escribir como de costumbre (eso espero, si el tiempo me sobra), tanto aquí como en un nuevo blog que voy a comenzar, pero no de este tipo... digamos que de estilo más informativo. De humor. Pronto os dejo el link.

La tercera y última, que esta mañana me he convertido en donante de sangre y eso me hace estar muy orgullosa de mí misma. Orgullosa tanto por ayudar a la gente que lo necesita de una manera que a mí no me supone mucho esfuerzo, como por superar mi miedito a las agujas.

Disfrutad, chicos. El lunes volveremos a la carga.

Escuchando...Kids, de MGMT



He ido descubriendo goear y me parece incluso mejor que Radio Blog Club, ¡probadlo!

martes, 27 de enero de 2009

Sweet home

No sé por qué me dio un ramalazo así, no sé por qué razón tenía tantas ganas, pero el caso es que esta "retransmisión" procede de Tudela. He vuelto a casa por unos días (antes de continuar con la racha de exámenes) porque me apetecía, tenía ganas de cambiar de aires... Tantos días seguidos en la residencia pueden llegar a agobiar extremamente.

Buen examen de Economía, y esperemos que pueda decir lo mismo del siguiente: Historia de la Comunicación. La materia es interesante, así que cuesta menos ir a la carga con el estudio... Eso sí, la estupenda monografía que hemos de leer, titulada Breve Historia de la Comunicación en el mundo contemporáneo, de "breve" no tiene nada... Todos nos quejamos de lo mismo.

Mañana vuelta a la capital navarra y, cómo no, otra noche de nervios. Si no logro mantener la calma de manera natural, tendré que recurrir a mi siempre eficaz método: atiborrarme de valerianas. A veces es lo único que funciona U.U

Para terminar, he aquí unas cuantas maravillosas (y extrañas) fotos de nuestra cena del otro día. Entre la cara de cebollino de Álex, el egocentrismo espontáneo de Iraia, la rara habilidad de Andoni para quedarse empanado (como comúnmente se dice), los movimientos de manos de Olatz y mi extraña tendencia a poner la peor expresión en cada instantánea, damos lugar a un grupo bastante peculiar. Cada cual peor :P

Dejo ya de divagar sola y os dejo con una buena canción, que nunca está de más.

La crónica del segundo examen anunciado, en breve.

Y no me echéis la culpa de mi espesura en las últimas actualizaciones, es por los exámenes, ¿no? Siempre es bueno tener una excusa por amiga :)

Escuchando... Where do you sleep last night, de Nirvana


jueves, 22 de enero de 2009

Adiós, retórica, adiós.

Por fin, digo bye bye a la retórica: asignatura aprobada, tanto la parte teórica como la práctica. Peor suerte ha corrido alrededor del 66 % de la clase, que se ha cagado en Teoría del Discurso, así como en el autor del ameno manual, Kurt Spang... Mucho ánimo para todos los que os encontréis en esa tesitura, con tanta revisión quizás la profesora se ablande y suba alguna que otra décima a algunos exámenes.

El examen de Economía es el sábado, y los nervios ya están empezando a aflorar... Mañana me espera un buen día, sí. Trasteando con apuntes a todas horas y rogando que la memoria no me falle después de todas las horas invertidas con el propósito de aprobar nuestra última prueba de la asignatura.

Y como no hay mucho que contar (aparte de que todos estamos estudiando y que nos reímos mucho ayer en la pseudo-celebración del cumpleaños de Andoni; pictures coming soon), cierro la entrada con las frases célebres de nuestra casi ex-profesora de Historia de la Comunicación :( ¿Por qué se ha acabado la asignatura, por quéééééé? Nos lo pasábamos genial en sus clases, era las risas... Bueno, la compensaremos esforzándonos en el examen del jueves que viene (sí, ¿no?) Pues eso, que ahí van las pedazo de élebfrases cres, míticas e hilarantes que he recopilado en los últimos días con la ayuda de mi siempre fiel ayudante Andoni:

Hay de toda clase de campañas de este tipo: desde "Póngase el cinturón" hasta "Lea usted un poquito más, pedazo de zoquete" (hablando de la propaganda del gobierno)

Yo soy la filosofía y mando; lo demás son piedras que yo pateo (poniendo verdes a los filósofos)

Hay sitios en los que todavía no hay periódico; por ejemplo, en Sierra Leona. Allí no te da tiempo de empezar a leer, porque ya te han matado (cebada total)

En esos sitios no van a poner radio y televisión, sino periódico. Es más facil el tam tam y las señales de humo, pero un periódico tampoco cuesta tanto.

El campus, así con nieve, está muy majico (del día que nevó, claro)

Lo más guay, lo más in, lo más rojillo en esa época eran las Sociedades de Redactores y la Cláusula de Conciencia. Bueno, y los trajes de pana (una de las mejores frases célebres de la historia de la asignatura xD)

Como no había mucho que estudiar, empezábamos, prácticamente, en la comunicación interpersonal entre Adán y Eva (recordando sus años de estudiante)

La Guerra Fría no era caliente (silencio y risas leves) No me piensen mal... (carcajada general)

No entienden lo que significa "patata" porque están sin atender, ligando con la vecina... O haciendo el melón.

(Comentando el rato en que estuvo preparando una presentación de Power Point que nos enseñaba en ese mismo momento) Yo estaba totalmente machcada de hacer cosas. Puse esos fuegos artificiales y decidí ser feliz (olé)

A todo esto, en cuanto cuelguen el vídeo de Discurso (uno que han realizado con los momentos estelares de las prácticas, no tiene desperdicio; corre el rumor de que lo van a subir...) lo pongo por aquí.

Escuchando... Lullaby, de The Cure.



Una de mis canciones favoritas, ideal para relajarse.


lunes, 19 de enero de 2009

Va a ser legendario, wait for it... dario.

Explicación aclarativa del título echando un vistazo a este vídeo:





Nada mejor que empezar una entrada tras más de una semana sin saludaros por aquí para recordaros a todos los desgraciados universitarios (porque eso somos ahora, unos pobres desgraciados ;)) que tienen que sufrir los fatídicos exámenes. Pero con un poquito de ganas y esfuerzo todo saldrá genial. Lo dramatizo un poco para que nos hundamos en la miseria y luego volvamos a resurgir :) Esperemos que sea legendary.

Pretendía amenizar la entrada con un buen puñado de frases célebres, pero un compañero de clase (no miro a nadie ¬¬) las tiene en su poder, concretamente en su cuaderno. ¡Andoni, las quiero ya! ¡No tengo tanta memoria como para acordarme de todas al pie de la letra, para eso las apunto! Es genial lo de coger apuntes con un folio a un lado y frases al otro. Cuando salen, salen... :P

El caso es que la semana pasada fue como está siendo esta: nervios, tensión... La nota del examen de Discurso (uno final al que nos sometimos en diciembre) sale el miércoles y, después de la corrección en común, las perspectivas no son nada halagüeñas... Aunque siempre vemos todo peor de lo que es, yo por lo menos.

Pocos días ya para que las semanas de pruebas den el pistoletazo de salida: el sábado nos toca Economía. Ya estamos de los mercados de valores, las políticas fiscales y el paro friccional hasta las narices, pero sólo un poco más y, con suerte, nos habremos librado de la asignatura :D

El fin de semana, como era de esperar: estudio, estudio, estudio... Aunque también con sus tomas de aire. Gracias, Álvar. Gracias..., no me queda nada que decirte que no sepas.

He de decir que también me han ocurrido anécdotas de la talla de pedir a las monjas de la residencia que me prepararan un tupper con puré de patata muy rico para empacharme en la soledad de mi habitación, así como el odioso ataque de hipo que me ha entrado hoy inexplicablemente y que sólo se ha ido cuando me ha empezado a doler el estómago. Y aquí sigo, rodeada de apuntes y con una manzanilla que debería tomarme para ver si se reduce la molestia.

Veo que la escritura sin las frases célebres no es lo mismo, así que me las reservo y os deleitaré con ellas en breve (si alguien me lo permite...) Bueno, ¡ánimo! Es lo único que se puede decir en estos momentos.

A todo esto, estoy madurando la idea de abrir un nuevo blog. Humorístico, no sé todavía el título... Me refiero a un blog temático. Este no lo dejaría, por supuesto. Pero eso ya es otra historia... para después de los exámenes.

Recitando... Rima VII, de Gustavo Adolfo Bécquer

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!

—¡Ay! —pensé—; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: «¡Levántate y anda!».

La he elegido al azar de entre una larga lista... Prácticamente me gustan todas.

domingo, 11 de enero de 2009

First

Primera entrada del año. Sé que ya era hora, pero hasta los bloggers tenemos vacaciones :)

Relatar los primeros días del año con detalle sería muy difícil, así que voy a procurar destacar algunas cositas que han hecho especiales los nacientes días de enero del 2009.

Nochevieja... nada en especial, nada fuera de lo común; aún así, una buena noche. Lo reconfortante es comprobar cómo sigues teniendo a tu gente aunque faltes.


Reyes: genial. Tampoco una juerga espectacular..., simplemente unas amigas estupendas. Regalos, cena rica y tarta aún mejor :D

Después de unas Navidades que empezaron regular y no acabaron tan mal, hice balance antes de volver a Pamplona y me di cuenta de que en realidad habían estado bien. Con sus mases y sus menos, pero no han sido unas malas vacaciones.

El caso es que deseaba volver a Pamplona, y lo deseaba fervientemente, además de por reencontrarme con la gente, por volver a ver a una personita en particular. Él ya sabe cuánto le echaba de menos. Menos mal que me recompensó... :P Gracias por un jueves genial.


Pues eso, vuelta a la rutina, chicos. Ya me he ido preparando para la que se avecina: estoy empezando a recargar las pilas porque, de lo contrario, menudo stress añadido voy a sufrir (digo añadido porque me agobio enseguida...) Queda poco menos de dos semanas para el primer examen. ¿Saldremos vivos? Espero que sí ^^

El fin de semana no ha estado nada mal, alternando estudio con cine y rebajas... Interesante mezcla, sí. Eso sí, no hay domingo que se precie que no sea odioso ¬¬

Por cierto, nada mejor que empezar el nuevo año con unas frases célebres de las clases de TCI (¿o no?) Nos hemos reído mucho, ideal para afrontar los madrugones de nuevo:

O sea, que no es lo mismo, como decía Alejandro Sanz,

"Habré", con h, b y tilde en la e. "Caminado" como lo oís, sin ninguna h de por medio.

Tengo que negociar con mi acreedor, al que debo mil millones de euros. Y una ortodoncia.

¿Te pararías? Recuerda que tienes a la mafia rusa detrás: a Putin, a Lukoil y a varias armas atómicas. ¿Tú te pararías? Qué malo es no pagar tus deudas y tu ortodoncia.

Mi corazón palpita como una patata frita (la joya del conjunto :) )

Adalberto, para expresarse, compone una "Oda a Mari Puri", o le regala un ramo de flores, o un billete de lotería, o se pone de rodillas y hace "brrrr...."

C´est tout... Pronto más (en serio, trataré de actualizar pronto... :P)

Una cancioncita y chapeau.

Escuchando... The KKK Took My Baby Away, de The Ramones.



Simplemente energía. Me encanta.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Acontecimientos pre-navideños

A lo tonto, desde la última vez que dejé mi huellita por aquí (en concreto desde el martes) han pasado bastantes cosas interesantes que me dispongo a relatar con mayor o menor precisión (en el caso del jueves optaremos por esta segunda opción, pero no adelantemos acontecimientos xD)

Lo primero: nos hemos librado del examen de Discurso, con mayor o menor facilidad, pero lo hemos hecho. En mi caso personal, no fue un examen nefasto (la verdad es que el test me pareció bastante fácil), aunque nos pasaron una pregunta para subir nota y no tenía ni repajolera idea de cómo empezarla. Se me ocurrían ideas dispersas, pero como no eran suficientes para llenar una hoja, opté por desistir en el empeño y no hacer el ridículo ante Sira (la profesora) Veremos quién se acuerda de la madre de Kurt Spang dentro de unas semanas (si no apruebas vas a Agosto, qué simpática noticia...)

Quitado de encima el examencito, muchos pudimos respirar hondo y relajarnos ante la perspectiva de unas vacaciones (aunque después de ellas volverá el estrés, no queda demasiado para los temidos parciales de enero y febrero... :( ) La tarde del miércoles la aproveché sabiamente con esa cosita que tengo por novio y no me arrepentí de ello ^^ A la noche, cena y fiesta en la residencia por el lío este de la amiga invisible. La verdad es que fue bastante entretenido, no dejamos de hacer chistes y me regalaron una pulsera y unos pendientes preciosos :) Por cierto, así quedó mi puerta decorada por mi amiga invisible (me he llevado las bolas plateadas de los extremos para ponerlas en casa xD):


El jueves y el viernes no hemos dado pie con bola en clase. La proximidad de las vacaciones y el cansancio acumulado desde el inicio de la semana por la prueba de Discurso no nos han permitido estar muy concentrados que digamos. Eso sí, hemos aguantado estoicamente y no hemos faltado a ninguna clase (al menos yo, ejem, ejem... ¬¬)

El caso es que la noche del jueves lo pasamos en grande. Mis norteños preferidos y yo (véase Iraia, Andoni y Álex), nos adentramos en la noche pamplonesa para frikear, "bailar" y explorar el entorno, todo ello plasmado en suculentas fotos. A la tarde quedamos Iraia y yo, visité su residencia y le hice un precioso moño mientras Álvar nos esperaba aburrido en el rellano del edificio, aunque Gaby bajó un rato a la entrada y le entretuvo xD Más tarde nos encontramos con Álex y, ante la imposibilidad de inclinarnos por un lugar para cenar que tuviera una relación calidad-precio decente, acabamos en el Pizza Hut. El caso es que no saboreamos mucho la cena, porque Alexito contó un buen puñado de chistes que no nos dejaron digerir la pizza :P Buenísimos, es una máquina de hacer reír este tío. El que más me gustó a mí fue el siguiente:

- Oye, que te llamo por la aspiradora.
- Joder, ¡pues se oye de puta madre!


Cómo nos ha dado por los chistes últimamente, es muy jarto ^^

Acabada la cena, Álvar se tuvo que marchar para estar puntual en Belagua y pasamos a por Andoni a Larraona. Un incesante goteo de jóvenes trajeados emergía de las puertas del Colegio Mayor; habían tenido fiesta y les habían hecho ponerse elegantes. El caso es que Andoni nos aguó la fiesta y se cambió de ropa para que no le viéramos así T.T

La noche fue rara, pero divertida. Al principio no sabíamos dónde meternos, porque habíamos quedado sobre las once y a esas horas no había nadie por ninguna parte. A las 12 y pico ya se empezó a llenar la Trave, y poco después nos dirigimos a Boca Boca (un bar-discoteca) y allí estuvimos, intentando hacer bailar a Andoni sin éxito y riéndonos del doble de Boca abierta xD

La mayoría de las imágenes que podéis ver en los márgenes corresponden a los instantes en los que estábamos en la calle, instantes en los que podíamos hacer el mongolo a nuestras anchas. Iraia, gracias a estas fotos, se ha forjado una reputación de borracha que hasta ahora no tenía (entre otras cosas porque no suele beber y el jueves no sé que le dio con la puñetera botellita de licor de melocotón :P) Dijo muchas cosas incoherentes, entre ellas "Pluto, que no Puto" y tal. Pobrecita... ^^ En cuanto a mí, no sé qué echaron los chinos a mi zumo de caja, pero parece que me afectó y se me contagió el espíritu de la chica dura de Getxo esta. Andoni y Álex directamente pasaban de nosotras cuando nos poníamos tontas y se dedicaban a reírse de la instantánea que, de salir a la luz, provocará la disolución de la vida social de Iraia :D


Ahora, como habréis podido deducir, estoy en Tudela. Ya han comenzado las vacaciones de Navidad y bueno, estoy más optimista respecto a ellas. Esta tarde voy a ver a Arantza, me muero de ganas... Por otra parte, parece que mis planes empiezan a cuajar y puede que algún día de la semana próxima aterrice en Burgos, cosa que me levanta muchísimo el ánimo. Además, mi rubia de bote preferida me debe una visita a Tudela, y yo una a ella a Getxo.

Concluiré con unas cuantas frases célebres que recogí el viernes. Me caía de sueño pero eso no es excusa para recopilar los mejores momentos de TCI. Todas vuestras (mejor dicho, todas de Andoni, que ahora me plagia hasta los títulos ¬¬):

Una pluma, o una tiza, se comporta de acuerdo a las características de su condición plumal, o tizal, o plumil, o ticil.

Los árboles se comportan arbóreamente.

Yo también fui niño, aunque no lo creáis. ¡Yo no nací calvo!
(tema constante)

¡Qué dramón marañón!

Puedes escribir una poesía para declarar tu amor a Mari Puri. "¿Qué es poesía? Me preguntas mientras clavo mi pupila en tu pupila azul. ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía eres tú"
(recitado con sentimiento, snif, snif)
Basta de chapa por hoy. ¡Felices recién iniciadas vacaciones! (uy, qué raro me ha salido eso, si parece una hipérbaton, puede generar ambiguitas...)

Escuchando ... Smile like you mean it
, de The Killers.



Grupo genial al que me estoy empezando a aficionar.
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