
No voy a contar más los días. Sentir no es cosa de números. Ni lo será más para mí.

No voy a contar más los días. Sentir no es cosa de números. Ni lo será más para mí.

Lo bueno de crecer es que estás preparado para otro golpe. Lo malo, que pierdes la ilusión.
La confianza es tan frágil como el cristal más fino.
Las mejores críticas suelen provenir de nosotros mismos.

Reducir la velocidad nos ayuda a comprender mejor lo que nos rodea.


Atiborrarse amarga el sabor de lo más dulce.

Eres el arquitecto de mi corazón.

Te besaría de no ser porque estoy enfadada.Parece predecible. Pero no lo es.

Ni siquiera sé quién eres en realidad.No lo recuerdo del todo bien. El día que me adquirió, tenía esa extraña mezcla de felicidad-tristeza en el cuerpo, la dicotomía que te provoca saber que a alguien le importas, pero que se encuentra demasiado lejos como para alcanzarle. Por entonces sólo era un amable comprador dispuesto a cuidarme, pero poco a poco se convirtió en mi completo dueño. Me mimaba, me consolaba, me adoraba, me hacía carantoñas. Era su juguetito y, ciertamente, no me molestaba serlo.

¿Alguna vez has sentido que te transformabas? ¿Alguna vez te ha dado la impresión de que, al chocar de bruces contra las circunstancias, afloraba tu otro yo? Así es como se produce mi cambio.
Se dice que lo que más doloroso se nos antoja es lo que más nos cuesta admitir y asimilar, mas no parece justo que mantenga mis ojos cerrados ante lo evidente. Mi conciencia me dice "basta" al tan sólo pensarlo.
El autoengaño ya no me es útil: me transformo en ciertas ocasiones; mi faceta optimista se desvanece, dominada por la contraria. El miedo, la ausencia de calma interior a causa de tribulaciones un tanto tontas y los nervios que me atenazan por dentro como si de pinzas se tratasen, me tornan estática. La liviandad se esfuma, la tranquilidad parece alejarse a galope y yo me quedo sola con ellos. Condenados nervios.
Ellos, apoderándose de mi mente, la invaden poco a poco de preocupaciones que me distancian cada vez más de ti, semejantes a una nube que no me permite ver tu sonrisa ni avistar nuestro fondo común, ese baúl de los recuerdos que ambos felizmente compartimos. Y ahí permanezco, bajo el dichoso nubarrón, que únicamente puede ofrecerte miradas lánguidas o quejas inútiles.
Lo peor de estas tempestades momentáneas pero tristemente frecuentes es que deseo evitarlas, y de hecho podría lograrlo de no ser por la falta de esfuerzo. Al fin y al cabo, no intento acabar con esta carencia remediable, pues resulta mucho más sencillo caer en la indignación o en la simple tristeza.
Hoy ha sido diferente. Hoy, al producirse la aparición del nubarrón, he caído en la cuenta de que prometí que esto no volvería a ocurrir. Aquella tarde, mirándote a los ojos plagados de lágrimas, te aseguré que todo iría bien, y que ni una sola gota de lluvia de cualquier tempestad conseguiría empañar nuestra alegría. Pero no ha sido así. Hoy me he percatado de que, en el fondo, tenías tus razones para temer un chaparrón.
Estabas en lo cierto: todo iba a ser diferente, pero me hace falta creer que se puede remediar esa transformación... Creerlo con firmeza, con certeza, incluso con fiereza.
Creer en ti y en mí.
Escuchando... Agua, de Jarabe de Palo.
Veintiuno, veinte, diecinueve. Diez, nueve, ocho, siete. Tres, dos.
-No te vayas...Porque contigo siempre estoy en casa.
-Si voy a volver, tonto.

Una retahíla de consejos recibidos más o menos afortunadamente, pero bienintencionados. Pero ella se siente, de súbito, presionada. No tanto presionada por los demás, sino más bien presionada por el tiempo. Por las circunstancias. Por el miedo.
-A esta edad, en general, las cosas se acaban. (caoba)
-Sí; ¡quién sabe lo que pasará dentro de tres años! (madre)
-Pues mira, yo llevo desde los 15 años con el mismo chico. (rubia)
-Ya, bueno. (caoba)
-Eres joven, aún es pronto para estas cosas... (madre)
-Bueno, ya no lo es tanto. Pero sí, es joven: 19 años. Todavía es tu niña. (caoba)
-Tú céntrate en estudiar, que es lo más importante. (madre)

En realidad, las cosas son blancas o negras. Lo de los grises es mentira; nos intentan engañar para aligerarlo todo. Pero es así: o me quieres o me odias.Me has vuelto a dejar ojiplática. O más bien ojiestrellada.
astel de defectos, he aquí lo que más aborrezco: su orgullo, su maldito y honorífico orgullo.
