
La cercanía no se logra a la fuerza, mas quiero hacer fuerza porque ella se lo merece...
Reflexionando...
Tómate tiempo en escoger un amigo, pero sé aún más lento en cambiarlo.
Benjamin Franklin
Hacer las cosas con pasión conlleva sufrir, pero sin sufrir no se alcanza el
éxito, no se logran unas metas.
El segundo, no obstante, iba a abocar su ánimo a la ruina. Con poco empeño por falsear la realidad, pronunció unas sentenciosas frases que bastaron para descorazonar al más entregado a sus metas futuras. No hizo falta demasiada profundización para que ella, desalentada de súbito, se percatase de que había escogido, sin darse cuenta, una de las ocupaciones más comprometidas, dificultosas y peor recompensadas de la sociedad.
Fue entonces cuando la vena trágica inundó sus pensamientos cual tsunami. Se imaginó a sí misma sentada frente a un ordenador, redactando con tesón y empeño unas líneas para que apenas fuesen valoradas; o incluso preparando humeantes cafés o fotocopiando documentos para luego entregarlos en mano a un tipo trajeado y demasiado atareado como para prestar atención a una simple idea propia, siquiera una sugerencia. En última instancia, fantaseó con un local lleno de zapatos. Zapatos a un lado, zapatos al otro. Zapatos en el almacén. Zapatos en el centro de la sala. "No, por favor." Lanzó una especie de plegaria mental para que aquello no llegase a planteárselo, pues eso significaría que su sueño se habría desmoronado sin remedio.
Aquel segundo hombre sabio, en el fondo, estaba totalmente en lo cierto; precisamente por eso su moral había descendido tanto. Pero su objetivo no era tal, sino derribar una moral caída para levantarla con una esperanza. Recurrió a los porcentajes para ilustrar su peculiar esquema del futuro. Según las cifras, sólo unos pocos sobrevivirían a las dificultades de la base para alcanzar la más alta cúspide. Pero a ella eso no le importaba en realidad. Había otros, algunos pocos también, que no aspiraban a escalar tan alto, sino a vivir conforme a las pautas de su sueño. Esos pocos, aseguraba el hombre sabio, podéis ser vosotros si ponéis el empeño suficiente en ejercitar vuestra mente.
"Podéis ser vosotros. Quiero que seáis vosotros. Seréis vosotros." En clave de humor, continuó con su explicación, pero ella todavía le daba vueltas a lo anteriormente dicho. Parecía como si el primer hombre sabio se hubiese confabulado con el segundo para lanzar su discurso, ya que no podrían estar más enlazados. Comienzos, dificultades, sueños. Dedicación, esfuerzo, sufrimiento, pasión.
Ella quería escribir; y podía hacerlo.
"Pasión-se dijo-,eso es lo que le hace falta al mundo. Y ahora, más que nunca, me alegra ser una apasionada, y además, sufrir por ello. Porque merece la pena."
Reflexionando...
Las pasiones son como los vientos, que son necesarios para dar movimiento a todo, aunque a menudo sean causa de huracanes.
Bernard Le Bouvier de Fontenelle
¿Alguna vez has sentido que te transformabas? ¿Alguna vez te ha dado la impresión de que, al chocar de bruces contra las circunstancias, afloraba tu otro yo? Así es como se produce mi cambio.
Se dice que lo que más doloroso se nos antoja es lo que más nos cuesta admitir y asimilar, mas no parece justo que mantenga mis ojos cerrados ante lo evidente. Mi conciencia me dice "basta" al tan sólo pensarlo.
El autoengaño ya no me es útil: me transformo en ciertas ocasiones; mi faceta optimista se desvanece, dominada por la contraria. El miedo, la ausencia de calma interior a causa de tribulaciones un tanto tontas y los nervios que me atenazan por dentro como si de pinzas se tratasen, me tornan estática. La liviandad se esfuma, la tranquilidad parece alejarse a galope y yo me quedo sola con ellos. Condenados nervios.
Ellos, apoderándose de mi mente, la invaden poco a poco de preocupaciones que me distancian cada vez más de ti, semejantes a una nube que no me permite ver tu sonrisa ni avistar nuestro fondo común, ese baúl de los recuerdos que ambos felizmente compartimos. Y ahí permanezco, bajo el dichoso nubarrón, que únicamente puede ofrecerte miradas lánguidas o quejas inútiles.
Lo peor de estas tempestades momentáneas pero tristemente frecuentes es que deseo evitarlas, y de hecho podría lograrlo de no ser por la falta de esfuerzo. Al fin y al cabo, no intento acabar con esta carencia remediable, pues resulta mucho más sencillo caer en la indignación o en la simple tristeza.
Hoy ha sido diferente. Hoy, al producirse la aparición del nubarrón, he caído en la cuenta de que prometí que esto no volvería a ocurrir. Aquella tarde, mirándote a los ojos plagados de lágrimas, te aseguré que todo iría bien, y que ni una sola gota de lluvia de cualquier tempestad conseguiría empañar nuestra alegría. Pero no ha sido así. Hoy me he percatado de que, en el fondo, tenías tus razones para temer un chaparrón.
Estabas en lo cierto: todo iba a ser diferente, pero me hace falta creer que se puede remediar esa transformación... Creerlo con firmeza, con certeza, incluso con fiereza.
Creer en ti y en mí.
Escuchando... Agua, de Jarabe de Palo.