
Ni siquiera sé quién eres en realidad.No lo recuerdo del todo bien. El día que me adquirió, tenía esa extraña mezcla de felicidad-tristeza en el cuerpo, la dicotomía que te provoca saber que a alguien le importas, pero que se encuentra demasiado lejos como para alcanzarle. Por entonces sólo era un amable comprador dispuesto a cuidarme, pero poco a poco se convirtió en mi completo dueño. Me mimaba, me consolaba, me adoraba, me hacía carantoñas. Era su juguetito y, ciertamente, no me molestaba serlo.
En esa época, todavía estaba saliendo de la caja, descubriendo el mundo exterior, cuando él se apropió de mí. Al principio, nada podía ser más perfecto que todo aquello, aunque tuviese sus inconvenientes, que en esos momentos no tenía en cuenta. "Nada puede cambiar, salvo que las cosas vayan a mejor", pensaba con total convicción.
"El amor ciega". Es preciso tiempo y experiencia para comprender tal afirmación y, aunque no sería correcto hacer gala de haber vivido y sentido tanto como para ser categórica, me da la sensación de que es cierto. El amor parece administrar unas dulces dosis de ceguera que, en pequeñas cantidades, pueden ser beneficiosas sin tender al abuso. Pero entonces había una sobredosis de amor mal administrado, y de ceguera cuasi crónica. Ceguera que tuvo sus repercusiones, y que quizá todavía no haya desaparecido totalmente, pues me niego a pensar que exista una persona tan cruel. Es más sencillo convencerse de su bondad, de que dentro sentía algo, pero que no lo canalizó nada bien, y culpar a otros factores por aquellos acontecimientos.
Lo más chocante fue que, poco a poco, fui cayendo en la cuenta de que aquel no era un dueño nada corriente. Era un dueño con grandes miras, un coleccionista de muñequitas.
Hace poco, una de sus antiguas coleccionadas, un juguete que ha dejado de serlo y que yo creía tan ajeno a mí, me hizo partícipe de la evidencia que tanto sospechaba. Éramos una mera diversión, y lo más frustrante de todo era que lograba que todas nos sintiésemos las más afortunadas del planeta. "Fue como una adicción, una droga. En mis días sólo salía el sol si él estaba presente. Una vez que has probado el cielo, dudo que quieras volver al infierno", dijo. A ambas nos costó nuestro esfuerzo, y el de los que estaban a nuestro alrededor, el pisar tierra firme.
Por un tiempo creí estar infinitamente alejada de ella, pero resultó que me encontraba a su lado y ni siquiera habría aventurado a imaginármelo. Habíamos vivido lo mismo. Habíamos sentido lo mismo. Habíamos sufrido lo mismo. Y todo lo había provocado la misma persona.
Escuchando... Pulling Teeth, de Green Day
Is he ultra violent? Is he disturbed? I´d better told him that I loved him...




